«¡Perra!»

Hace calor y las hormonas se alborotan. Las miradas de los hombres se afilan, y los brazos de algúnos se hacen más largos. Fatalidad de cerebros regidos por el nivel de testosterona. A la salida de un centro comercial un grupo de jóvenes se amaza para discutir de la próxima invension para curar el cáncer . Si claro.

A uno de ellos se le ocurre cortarle el camino a una jóven- completamente vestida de negro sin escote abismal o algo que se le parezca- que quiere entrar al dichoso centro comercial. Le agarra el brazo con violencia y le dice « salut ».

Ella se safa con violencia, igualmente y se aleja rapidamente. La palabra « salope », choca contra los oidos de la que se aleja haciendo de cuenta que no oye nada. Por no aceptar esta violación del espacio personal, por no recibir con una sonrisa ese « salut » que es más que todo como una agresión, se le tilda de « perra ». Estamos en Francia. Aquí como en el mundo entero, algúnos indivíduos de sexo masculino piensan que sólo con ver con lubricidad, o hasta tocar, marcan territorio y se apropian de una mujer.

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